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Despedidor

Anoche me dí cuenta lo mucho que me siguen costando las despedidas. Son tan inevitables como respirar pero cuestan mucho más trabajo. Pienso y pienso, y me doy cuenta que no debería ser así porque he tenido tantas despedidas que a esta altura de mi vida tendría que ser algo natural. Una de esas cosas que tenemos incorporadas y hacemos por instinto, pero aún así me cuestan. Una vez Rocío me dijo que todos deberíamos tener un despedidor, que debería haber gente que trabaje de eso. La idea era algo así como una persona que se encargue de ir a las terminales de ómnibus a saludar con la mano cuando el colectivo se va. Eso le haría bien a la persona que se va, evitaría que el viajante sintiera ese vacío que le surge cuando el micro se va y los demás pasajeros saludan por la ventana pero uno no tiene a quien. Es una excelente idea pero es un pésimo trabajo. Al menos es un pésimo trabajo para mí porque me cuesta separar mis sentimientos de esta tarea. Supongo que esto pasa porque las personas que se van son muy importantes. Realmente lo son. No quiero que se vallan pero es inevitable que lo hagan. Ismael dice en una canción que “ya sólo me queda la vacía pena del viajero que regresa”, yo agregaría que la pena del despedidor que se queda es mucha más grande, mucho mas vacía, mucha más dolorosa.
Por eso Ro no me gusta hacer de despedidor pero no sé bien como evitarlo. No sé como evitar acercarme a personas que irremediablemente se van a tener que ir. No sé como evitar que se vallan, o quizás lo más triste es que no sé como hacer para evitar que en ellas nazca ese sentimiento de querer irse.

5 comentarios

abril dijo...

SI ME DIJERAS PIDE UN DESEO,PREFERIRIA UN RABO DE NUBE, QUE SE LLEVARA LO FEO Y NOS DEJARA EL QUERUBE,UN BARREDOR DE TRISTEZA.....

AlmA dijo...

... Y si mejor nos preocupamos en hacer lo mejor para que vuelvan? A parte, una despedida no siempre significa un "Adios"... Tambien puede ser un "Hasta pronto"! =)

VICKY dijo...

A mi tampoco me gustan las despedidas, irse... no sabés lo angustiante q se siente dejar, ponerse los anteojos negros y secar las lágrimas rápido..
Es lo que hay...

Cinthia dijo...

Me encantó este cuento! Siempre termino llorando, haciendo boludeces para que no se note, pero es inevitable el vacío que queda.
El último párrafo del cuento deja tan claro lo que se siente que me impacto leerlo.
Felicitaciones, es Hermoso!
Chin chin

Anónimo dijo...

Un fuerte apluso para Ramiro Acosta... Felicitaciones, lo digo de artista a artista! Siga con esa pluma y papel (o teclado y monitor) Creando y de esta manera transportar a nosotros los lectores con cada palabra e historia hacia donde se lo proponga! BravO!! Omar Renzo