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Demasiado Yin, poco Yang

La persiana entre abierta deja pasar la poca luz que la noche me muestra. Me despierto en la madrugada, me siento en la cama, descalzo camino por el pasillo mientras mi mirada busca el horizonte que termina unos metros más allá, en la pared que marca el fin del departamento. De mi casa. De mi lugar que sueño con que alguna vez sea un hogar pero a su vez es una mirada lejana, quizás de esperanza, quizás de resignación a cosas que en lo inmediato, en lo tangible, no creo que pasen.
Siento, aunque este sea el sentimiento que brota en mi piel al tan solo rozarla, que en el fondo hay algo así como una luz de esperanza. Como negándome a que esto sea todo. A que el tiempo pasa, la panza y las entradas crecen, pero aun falta... aun puede pasar o al menos debería.
Y hasta en mi visión de auto boicot, de vencido, sigo haciendo cosas buscando ese algo más. La luz que entra por la ventana me muestra el reflejo de una mesa y cuatro sillas que hace tiempo soñé tener. Y por un lado es una prueba de que mis pasos siguen siendo hacia adelante pero por otro es una cachetada que me muestra que solo lo material puedo lograr. Pone ante mis ojos que el resto sigue estando mucho más allá de este departamento, de este edificio, e incluso de esta ciudad.

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