Adsense Menu

Sequía

Hasta hace poco menos de un mes el diario La Nueva Provincia le dedicaba sus principales encabezados a la falta de agua en Bahía Blanca y la zona. Por la sequía quedó prácticamente vacio el dique Paso Piedra que abastece al sudoeste de la Provincia de Buenos Aires. La cota de embalse que provee de agua la región bajó a 154.23 metros, casi 20 centímetros por debajo de su mínimo histórico. Esta noticia trajo gran preocupación a los casi 400.000 habitaciones que dependen de su caudal.
Al igual que el dique siento que me sequé. No podría agregar mucho mas al respecto. Solo aclarar que no es ni por falta de lluvia ni por el efecto invernadero. Como diría Iván: “me importa muy poco si queda ozono o si no”.
Hace meses que no puedo llorar. No lo cuento como un triunfo ni tampoco como algo penoso. Solo quiero decir que me sequé y que es algo que me hace sentir extraño, algo que no me pone para nada orgulloso.
Hoy cuando salí del trabajo vi el reflejo que mostraba el ventanal del local de la Obra Social Galeno y lo que me devolvió el espejo fue la imagen de un tipo que caminaba apurado con el ceño fruncido. No me gustó lo que vi, de la misma forma que me está gustando poco lo que siento en estos días Post-Viaje.
Las lágrimas me las imagino relacionadas con el sentimiento. Las alegres, creo nunca lloré por alegría; las de miedo, de esas sí que sé; y las tristes. Estás ultimas me parece que son las responsables de mi estado actual. Son las responsables de la sequía. Las gaste. Las necesito y no las encuentro. Recuerdo las del 2008 cuando lloré por el final de la relación con el primer amor de mi vida, y recuerdo la última, no hace tanto, cuando la volví a ver. Esa vez también lloré. Mucho. Fue en Parque Rivadavia. Hacia metros que nos habíamos despedido y no lo pude contener más. Pero no fueron lágrimas por no poder estar con la mujer que quería sino que fueron lagrimas provocadas al darme cuenta que ese sentimiento ya no existía. Lagrimas de duelo. No de duelo por lo que me sacaron, sino duelo por lo que yo ya no sentía. Por moverme. Por correrme unos pasos. Por caminar lo necesario para abrir la puerta, cerrarla, y darme cuenta que estaba nuevamente afuera. Con todo por ver. Con todo por descubrir. Con todo por conseguir. Con todo por intentar.
Sin embargo la hora que pase sentado en el banco de plaza del Parque, tratando de encontrar alguna voz amiga en el teléfono, no fue suficiente. No me satisfizo el llanto de ese día. Me quede con ganas de mas. Creí que esa necesidad de llorar con ganas, con carcajadas como le digo yo, con sentimientos como le dice mi vieja, no se habían agotado ahí. Fue una desilusión. Sentí un vacio. Algo pendiente.
En estos días no me alcanza con sentir los ojos húmedos, con sentir picazón en la nariz, o verme los parpados irritados en el espejo. No me llena ese símil resfrío. Esa copia barata de alergia de la mañana. Porque si me alcanzara bastaría con escuchar canciones de Ismael o Filio y listo. Pero eso me deja solamente en un grado de profunda tristeza. Nada más. Se queda ahí. Como se quedan los sueños de la gente que en ocasiones no nos animamos a ir por más. En estos días la mesa sigue sola, mí única silla me mira, la cama de una plaza se hace la distraída, el mate sin bombilla se distrae con su yerba usada de hace tres días, el picaporte se aburre de sentir siempre los mismos dedos, el timbre bosteza por no sonar, la persiana cerrada se acostumbra a su vida sedentaria.
Yo me sequé. Me siento seco. Y a pesar de quererlo, como tantas cosas, con esta tampoco puedo. Y sigo, porque soy de los que siguen, aunque no quiera. Y el gran alimento de este andar parece que son los grises. Grises como días nublados pero sin lluvia. Grises de nubes que amagan pero no lloran, nubes que dan esperanza al pueblo que cubren pero que luego de una breve briza, ni siquiera un fuerte viento, se van y dejan al brillante sol alimentando la falta de agua.
La sequía en el sudoeste de la provincia parece que sigue. Las autoridades locales y nacionales tratan, tarde, de hacer algo al respecto. Recíen leí que ARSA está haciendo un pozo de 15 metros de profundidad para tratar de encontrar una fuente de agua que ayude a los pobladores de la zona. Quizás yo, sin ARSA, y sin vos, que estabas pero no te vi, no te quise ver, pueda encontrar el agua suficiente que estos días me piden. Las lágrimas que necesito. O quizas sea aprendí la leccion de "las lagrimas para llorar cuando valga la pena" y esto simplemente no lo vale.

No hay comentarios